
Duele reafirmar como ha cambiado tu vida, la vida de los demás, de los que están a tu alrededor. Duele aceptar y darte cuenta cómo a veces puede impactar en tu vida algo que para los demás es la cosa más simple.
Duele y lastima el temor a que un día se cansen de ti, a que un día ni tu quieras lidiar contigo, pero aunque duela decides levantarte, decides continuar y poner la mejor actitud para hacerle frente a ese duelo que nuevamente estas comenzando a vivir.
Lastima que por más trabajada que tengas la situación, el miedo vuelve a aparecer como si hubieras recibido el diagnóstico ayer, el como tu mente va veloz creándose historias sobre las situaciones que vives. Duele, y duele muchísimo sentir miedo, angustia, tristeza y más sentimientos y emociones que a veces ni nombre le podemos dar.
Te cansas de "luchar" día a día con una familia, con amigos, con esposos, con novios, con parejas o con la sociedad en la que vivimos para transmitir toda la desesperación que sentimos por lo que a veces vivimos. Pero creo que a pesar del dolor, seguimos al pie de cañón, dando una voz, acompañando, y porque no, siendo inspiración para más de un@, y ESO hace que valga la pena.